Si de algo sirve montar en bus prácticamente a diario y tener una vida triste es el hecho de poder analizar los comportamientos ajenos.

Y eso es lo que voy a hacer ahora mismo, como si fuera un Freud o Frasier cualquiera.

Los colones

Tu estas ahí chupandote la cola y de repente aparecen por el otro lado y se te cuelan en toda la cara. Hay dos opciones, ponerte violento y formar el show o callarte como una puta y fingir que no has visto nada para no atormentarte pensando que eres un perdedor.

La gente que solo sale por una puerta

Esta gente me hace gracia. Están sentados en la parte trasera del bus, pican cuando viene su parada y se van hacia la puerta de salida delantera. Jamás salen por la trasera. Creo que tienen la extraña teoría que el conductor no va abrir la puerta y va a seguir sin dejar a estos de bajarse. En serio, no lo entiendo.

Los que se sientan en el asiento exterior

Esta gente entran, y este vacío o lleno el autobús intentan sentarse en el asiento que da al pasillo. Provocando así que si quieres sentarte y solo queda ese asiento libre tengas que decirle “Me permite que me siente?” y te lo pienses dos veces pensando “Bah, no merece la pena, me quedo de pie”. Creo que el motivo de esta actitud es que creen que se van a bajar antes que cualquiera y para no molestar se sientan en el de fuera para salir con mayor rapidez, el problema es que hacen esto aunque se monten en la primera parada y se bajen en la última.

Los apretados

Este concretamente me hace gracia. Es gente que, a causa de que el autobús va lleno, se han de sentar juntos. El problema viene cuando el bus se empieza a vaciar, y puede llegar el momento que incluso el autobús va vacio y no hacen por sentarse separados. Es que claro, si se piensa fríamente, si te cambias de asiento el otro puede llegar a pensar “Que pasa, es que no te gusta estar sentado a mi lado?”.

Hasta aquí por ahora. Es posible que haya una segunda entrega.