Cuando nos compramos un aparato electrónico medianamente caro (véase móvil, mp3 o cámara de fotos) durante un tiempo somos plenamente felices hasta que llega el gran momento.

El momento de la primera caída.

Tu llevas tu móvil relucientemente nuevo en la mano, cuando en un movimiento digno de Michael J. Fox sale por los aires mientras te quedas paralizado viendo a cámara lenta como el susodicho vuela por tu habitación para acabar finalmente impactando contra el suelo.

Cuando finalmente cesa de rebotar te quedas durante un par de segundos pensando si merece la pena recogerlo o hacer borrón y cuenta nueva.

Al final lo recoges y ves que finalmente no le ha pasado nada (en la mayoría de los casos, en otros se jode por completo) y quedas como inmunizado.

En el futuro y cada vez que se te vuelva a caer dicho gadget pasas tres kilos, das por hecho que no le va a pasar nada y en presencia de los demás solemos decir cosas como “Esto aguanta de todo, se me ha caído n veces y nunca le ha pasado nada”