El primer día que empecé las clases aquí en Barcelona recuerdo que entré por ese portal, ya que es un piso, y andando hacia la escalera me crucé con la ventanilla del portero, que te la encuentras de frente.

Recuerdo que dije un alto y claro “Buenas”. El hombre ni gesticulo, cual T-1000. Yo pensé que quizás no me había oído pero proseguí mi marcha.

El día siguiente la operación fue similar, esta vez dije un “Hola” algo más alto que el “Buenas” del día anterior. La interpretación del portero fue exactamente la misma, el tío clavaba la actuación de un cyborg. No gesticuló.

Sin embargo la cosa no se quedaba en que simplemente no sonriera ni saludara. Lo peor del caso es que el tío me miraba y seguía mi paso desde el mismo momento que penetraba por la puerta hasta que me perdía en las sombras de las escaleras. Incluso iba girando la cabeza a la par de mis lentos y parcos pasos.

Entonces llegué a pensar que quizás el hombre tenia algún tipo de problema, quizás era disminuido o algo y que por eso no saludaba. Nada más lejos de la realidad.

Un día lo pillé hablando con una vecina del bloque y actuaba como una persona sana, pronunciaba bien y se movía perfectamente. La teoría del disminuido estaba descartada.

Ahora, cada vez que entro en el portal y voy acercándome hacia él mientras me mira tengo un deseo irracional de arrancarle la cabeza de un puñetazo. De quitarle la cara de gilipollas con un movimiento rápido y mortal. De acabar con su vida como su fuera un mero mosquito…

He de reconocer que este hombre hace aflorar en mi los sentimientos más terribles que jamás he podido sentir por ninguna otra persona… exceptuando a Fernando Alonso.