Hoy voy a hablar de otra de mis grandes experiencias en la vida. Cuando te invitan a algo y a ti no te gusta, pero no eres capaz de decirlo y te lo tienes que comer/beber.

Esto es parecido a cuando te regalan algo que ni te va ni te viene, pero con una diferencia. Si te regalan algo que no te mola pones la buena cara y luego lo guardas o se lo regalas a otro, y aquí no ha pasado nada, nadie se acordara…

Sin embargo si te invitan a comer o a beber algo y no te mola te tienes que joder y consumirlo al instante.

Contare mi experiencia.

Segundo día de trabajo. Llego como siempre a las ocho y solo está el compañero de siempre, los demás llegan a las 9:30. Estamos ahí, trabajando normal y llega otro compañero. Saluda y hace lo propio y se va a por cafés. Al rato vuelve con tres (a mi no me gusta el café) y claro, acababa de empezar a trabajar, no era plan de decirle que no me mola.

Cojo el café y me lo bebo como puedo, no sin tener como mínimo dos arcadas. Paso una de mis peores experiencias de mi vida, por mi culpa, claro está.

Esa fue la primera y mas traumática.

La segunda es algo diferente, no me ocurre solo a mí, sino que es una cosa más familiar.

Mis padres son unos animales de costumbres. Los fines de semana solemos ir a comer por ahí, pero no les pidas que cambien. Siempre les gusta ir a los mismos sitios y si propongo alguno nuevo lo más seguro es que no les guste y me culpen a mí y me llamen moderno, snob o cosas por el estilo.

Pues entre los sitios que aman hay uno muy cuco en el mismo centro de Málaga. Se come francamente bien y hay mucha variedad.

Nos sentamos en una barra baja que hay en el lateral los cuatro y allí disfrutamos de diferentes manjares como pueden ser unas gambas a la gabardina (del día).

Siempre que terminamos de comer y como somos unos fijos el dueño nos invita al postre. El postre siempre es el mismo, profiteroles.

Los profiteroles saben exactamente igual a como sabría un ano de primate. Son realmente repugnantes y lo peor de todo es que nos lo tenemos que comer. Bueno, en realidad me los tengo que comer.

Mi madre finge que va al baño, mi padre finge ir a fumar fuera y mi hermano directamente se pira a la calle y todos me dejan ahí, trincándome yo solito los profiteroles con tan delicioso sabor que solo un gourmet sabría apreciar…

Joder, esto es una putada.