Juro por Javier Peñalva que los acontecimientos que voy a narrar son completamente ciertos.
Hoy he cogido el avión para la vuelta definitiva a casa. Como no ha salido con más de una hora de retraso (que guay! de bandai!).
El caso es que momentos antes de embarcar había visto a una tía dando vueltas por las cercanías de la puerta de embarque. La tía gritaba por el móvil y agitaba sus manos cual hombre intentando romper un contrato con el diablo. Era especialmente brutal sobre todo por ver la cara de los hijos (supongo que eran sus hijos), como pensando “Vaya madre que nos ha tocado”.
Al principio pensé que la mujer era simplemente idiota, luego la vi con un vaso (de plástico) de vino blanco en la mano y empecé a entenderlo. La mujer estaba borracha (y probablemente tendría algún tipo de problema con el alcohol).

Me limite a pasar tres kilos pidiéndole a dios que no me tocaran al lado, y así fue. Al entrar al Airbus me senté en mi sitio, en la salida de emergencia y me dispuse a disfrutar del vuelo.
Sin embargo algo trunco mi tranquilidad, la gente estaba increpando a la señora extraña. Se oían gritos tipo “Apaga el móvil”, “Nos vas a matar a todos”, “Vamos a tener un accidente por tu culpa”. Pero la tía parecía no hacer caso, es mas repicaba gritando cosas tipo “Solo lo apagare si me lo dice el capitán” a lo que un chaval de etnia gitana grito “Te lo estamos diciendo todos, apágalo que nos matamos”.
Yo me limité a ser un mero espectador (en el fondo me estaba descojonando de lo bizarro del asunto) y finalmente no paso nada.
La señora siguió dando por culo durante el vuelo, gritando a la gente y discutiendo con absolutamente todo el pasaje (lanzaba gritos al aire que iban referidos a todos nosotros) y confirmo mi teoría. Se bebió una botella entera de champaña.
Y eso es todo, básicamente.