Seguro que habéis sentido esto que os voy a relatar a continuación alguna vez.

Alguien a quien no conoces, que no te ha hecho nada concreto pero que solo con verle la cara, y sabe Dios porque, te entran ganas de reventársela.

En unos segundos tirarías tu vida por alto solo por el placer de desfigurar el rostro de esa persona que te provoca ese hervor interior. Una persona con la que jamás has intercambiado una palabra.

Es raro, pero me pasa a menudo. Hablando de ello con mis padres pensaron que me estaba volviendo loco, pero mi hermano salio en mi defensa. A el también le pasa, y lo mejor de todo es que coincidimos en algunos casos.

Por un lado con una de mis vecinas, capaz de tocar al timbre más de diez veces al día (verídico). En serio, cada vez que toca al timbre me entran ganas de abrir directamente y darle una patada en su pequeña cara, cerrando instantáneamente la puerta.

Por otro lado un chaval que vive por mi barrio. Desde que era pequeño creo que siempre he sentido eso hacia él. No se porque pero tiene cara de tonto, aunque a decir verdad a su padre le pillaron traficando con droga, así que muy listo se ve que no era, le viene de familia.

Y bueno, en resumidas cuentas es eso. Quiero creer que no soy un puto perturbado y que os pasa también a vosotros, así que aunque no sea así seguidme el rollo.

Como extra os linko un vídeo que vi el otro día y que me recordó a mis días de Metro en Barcelona. Más de una vez pensé en pagarle a alguien por hacer algo igual, pero me parecía francamente asqueroso. Pinchad aquí y disfrutad.