Este post no tiene nada que ver con este otro de Hugo, van por otro lado los tiros.

Quiero hablar de una cosa que he denominado “El efecto infame”. Aunque primero os cuento un poco de historia.

Hace meses este blog experimentaba un brutal ascenso de comentarios que me dejo flipado, sinceramente. Recuerdo que por aquel entonces el amigo Hugo me decía que yo le robaba comentaristas, porque decía que desde que la gente comentaba a piñón en mi blog en el suyo no lo hacían tanto. También me dijo que era la euforia del principio y que luego la cosa cesaría.

Y yo no es que no le quisiera creer, pero reconozco que estaba un poco cegado, más bien me habíais cegado vosotros. Estaba supercontento porque escribía un post tontorrón y en menos de tres horas había 50 comentarios.

Se montaban unas fiestas en los comments que la verdad, me hacían partirme el ojete, porque sois geniales.

Era la rehostia salir a comprar y volver y ver todos los comments, que aunque en principio me abromaban luego me hizo muy muy feliz. Porque lo he dicho más de una vez pero el 50% de la gracia de este blogs son los comentarios. Creo que complementan de puta madre lo que yo escribo.

Sin embargo todo aquello ya paso. La euforia del momento creo que se ha perdido y la cosa esta mucho más relajada. Ahora es raro el post que llega a los cincuenta comentarios. Y bueno, no es que me cabree ni mucho menos, pero me entristece un poco ver que mucha gente que antes comentaba por aquí ya no lo hace. Gente que se ha perdido por el camino.

Se que es lógico, que al ser un blog relativamente nuevo y que (según lo que me decía la gente) molaba mucho era normal que la gente tuviera tantas ganas de comentar.

Aunque me echo un poco la culpa y pienso que igual he bajado el nivel o que lo que cuento ya no tiene gracia.

Y bueno, en resumidas cuentas ese es el efecto infame, empezar con cientos de comentarios y que la cosa se relaje con el tiempo.