El otro día tuve que ir a la formación de la comunidad de vecinos de una urbanización donde mis padres han comprado un apartamento.

La cosa no tendría más historia si no fuera porque el espectáculo que presencié allí era cercano a lo triste.

Me voy a explicar mejor.

La gente que había allí solo pensaba en su bien, sin importarle una mierda el resto. Y no me refiero al grupo, sino directamente le importaba un cojón alguien concreto, con cara y cuerpo, y era capaz de mirarle a la cara y despreciarle.

Hubo varios momentos en los que incluso yo me osé a hablar (con lo tímido que soy) intentando lanzar un poco de humanidad al asunto.

Los temas más delicados fueron dos, los toldos y los trasteros aunque los tendedores también tuvieron algo de protagonismo.

Con respecto a los toldos se hablo de elegir los colores y la empresa que pusiera los toldos para todos los vecinos, sin embargo algunos (dos concretamente) ya los habían puesto. Lo normal, cuando se es una persona humana es dejarlo pasar, si ya están puestos pues no les vas a hacer quitarlos. Pues no.

Allí el 90% coincidía en que si la comunidad decidía que el color o la forma eran diferentes de los que ya habían puesto estos vecinos se tendrían que joder y quitarlos. “¿Pero qué cojones?”, pensé yo creyendo que aquello era una broma, pero no. Aquello iba en serio.

La gente anteponía la belleza general al bolsillo ajeno, sin pensar que a esas personas igual les ha costado bastante ganar el dinero que supuestamente tendrían que tirar a la basura en el caso que se aprobara la globalización de los toldos.

El otro tema delicado eran los trasteros. Por defecto los garajes no traían trastero, sin embargo algunos tenían una estructura hecha que lo único que necesitaban era cerrarlos con una puerta. Puerta que cada vecino pagaría de su bolsillo.

Bueno, pues como el ser humano es envidioso por naturaleza allí todos los que no tenían opción a trastero (entre otras cosas porque su apartamento les había costado menos) intentaron poner todo tipo de impedimento basándose en las escusas más baratas que yo había oído jamás. Entre ellas “¿Y porque se tiene que ensuciar mi coche si alguien hace obra?” o “Es que si unos no podemos no podría hacerlo nadie”. Patético.

No sé, igual es que como es mi primera reunión de vecinos me he sorprendido por eso y resulta que esta es la tónica habitual… pero sea como sea me parece de lo más triste que la gente anteponga su relativo bienestar al del resto cuando realmente y directamente no le afecta nada de nada lo que hagan los otros.