Hoy por fin puedo decir que he inaugurado oficialmente una tarde dominguera invernal prenavideña.

Todo esto ha venido, quizás, porque anoche me acosté a las cinco de la mañana y normalmente uno no está al 100% después de algo así. Después de una noche guay e interesante, que aunque no fue un desfase ni algo legendario me proporcionó una realización personal bastante importante.

Puede parecer una tontería pero conocer gente nueva y entablar una conversación para mí es algo bastante laborioso. Tengo algo de fobia social y me cuesta bastante arrancarme. Pero las cosas se pusieron a huevo cuando me presentaron a una americana que llevaba poco en España y que había dado clase a viejos en Sarasota (donde yo estaba hace menos de siete días).

También fue positivo el recibimiento de la camiseta que me regalaron los chicos de GeekTees, ya que llamo la atención de por lo menos cuatro chicas. Pero bueno, esto es algo anecdótico y me estoy andando por las ramas, al tema invernal.

Para quien no sepa en qué consiste una buena tarde de domingo invernal se lo explicare de la manera más sencilla posible.

Lo más importante es calzarte un pantalón cómodo, ya sea de chándal o de pijama. En mi caso ha sido uno de pijama que me pille en H&M (una de las pocas cosas que venden de mi talla en esa tienda).

Lo siguiente es tirarte en el sofá, a ser posible con una manta. Y lo ultimo y no menos importante es ponerte una película que no requería un gasto neuronal demasiado grande.  Las más indicadas son comedias ligeras o acción pachanguero.

Y nada más, a echar la tarde ahí.

Aunque soy consciente de que este tipo de cosas es mejor hacerlas en compañía, sobre todo si hay amor de por medio también es cierto de que hay que saber adaptarse a las circunstancias. No por no tener a nadie a mi lado voy a condicionar algo tan banal como una tarde de domingo.