Mi amigo Hugo ya habló en su día de los olores que nos evocan recuerdos, pues lo que yo os quiero comentar es lo mismo pero con fotografías.

A mí siempre me ha gustado sacar fotos, y aunque antes no me estimulara una labor supuestamente artística me encantaba sacar fotos con mis amigos, con mi novia, en los viajes… fotos que al fin y al cabo evocaban momentos francamente felices.

 

Fotos que en la mayoría de los casos tienes olvidadas en un cajón (o una carpeta de Windows), en parte conscientemente y en parte inconscientemente (no nos vamos a poner a ver todas las fotos que hemos hecho a lo largo de nuestra vida todos los días). Pero un día necesitas ver una foto concreta porque alguien te la pide o da la casualidad que abres el cajón. Entonces te es inevitable mirar aquellas fotos.

En el mejor de los casos al recordar aquellos días esbozaras una sonrisilla y te vendrán a la mente cientos de recuerdos. Recuerdos molones al fin y al cabo.

En el peor de los casos será igual, esbozas una sonrisa y te vienen cientos de recuerdos, pero te será inevitable pensar que cualquier tiempo pasado fue mejor y se te cortara el cuerpo. Es un hecho, ocurre en algunos casos y aunque te pueda parecer una jodienda porque te deja un poco roto en el fondo es bueno.

Al fin y al cabo forma parte de la historia de tu vida y como siempre se dice y aunque suene a tópico no se debe olvidar ni una de las cosas que hemos vivido porque creo que de todas ellas hemos aprendido.

Además, si en su día vivimos buenos momentos porque vamos a olvidarlos, fueron buenos en su día y aunque igual en la actualidad no compartas tu vida con esas personas no significa que debas olvidar, los buenos momentos son buenos momentos.