Ayer asistí a la graduación de mi hermano, que acaba segundo de bachillerato este año (si Dios quiere), y paso a relatar como fue aquello y las sensaciones que me dio.

Nada más llegar localicé al marginado, al friki o como se le quiera llamar. Llevaba una camisa al estilo de las del Chiquito de la Calzada metida por dentro, y un pantalón de pinza que probablemente le había robado a su padre del armario, porque para que le quedara bien de largo debía subírselo a la altura del pecho. Estaba al lado de su madre, evidentemente, y no se mezclaba con el resto de compañeros. Me dio pena.

También localicé al grupo de molones. En ese grupo se encuentra mi hermano, rodeado de gente molona, pero incluso en este grupo existe la figura del líder. El líder iba vestido de mafioso, traje blanco, corbata negra y zapatos blancos. Incluso me pareció oír que le llamaban “Il Capo”. Este señor también me dio pena, la verdad.

Por otro lado estaba el grupo de gente que podríamos llamar Grupo Molón 2. Esta gente molaba, no nos vamos a engañar, pero no tanto. De hecho ellos creían que molaban más que los otros pero la cruda realidad era bien distinta. En el grupo uno no había ningún gordo ni ningún emo, en el grupo dos si. Esto, como todos comprenderéis baja de categoría cualquier grupo, aunque también tenían un líder molón, o al menos eso creía el. No iba de traje, llevaba un pantalón caído y unas Nike bastante chulas, pero era feo. Un líder nunca puede ser feo o terminarán derrocandolo tarde o temprano. ¿Acaso Marlon Brando era feo? o ¿Al Pacino? Vamos no me jodas.

Reconozco que durante la gala casi me echo a llorar. Me recordó mucho a mi graduación, un montón de sensaciones, situaciones y recuerdos que jamás iba a volver a vivir. Tres chicas hablaron y dijeron lo mucho que querían a sus compañeros y lo mucho que los iban a echar de menos. Triste mentira, eso no va a ocurrir, nunca.

Chicas llorando, chicos riendo, preparándose para la última noche. La noche en que todos juntos lo iban a pasar de puta madre, pero que al día siguiente nadie recordaría. La realidad es que, con el paso de los años no se van a volver a ver, ni ganas que tendrán, pero ellos estaban ilusionados ignorantes de todo esto.

También me hizo gracia ver a las parejitas típica de instituto. Todos de la manita, dándose besitos y todas esas cosas que hacen las parejas. Pero chicos, la realidad es que un día, uno de los dos querrá irse de Erasmus, o cogerá plaza en otra ciudad y bueno, al principio creeréis que la cosa funciona pero lo cierto es que al final lo mejor que os podrá pasar es dejarlo, por teléfono. Lo peor es que uno de los dos le ponga los cuernos al otro, y lo dejen por teléfono. La vida es así.

En el fondo, como ya digo, aquello me pareció bastante conmovedor, ver sus caras de ilusión sin saber que este será su último verano de verdad, que a partir de septiembre se acabó la buena vida, que a partir de ahora la vida sólo les irá cuesta abajo y cuando se quieran dar cuenta tendrán veinticinco años y todo les parecerá una mierda. Exceptuando los emo, claro, que esos se suicidarán en tres días.