Facto Delafé me hace mejor persona
Posted on Mayo 12th, 2008 in Actualidad, Musica, Personal, Reflexiones, Videos | 23 Comments »
Menudo descubrimiento Facto Delafé.
Siempre he reconocido que cuando conduzco soy una persona muy arisca y violenta. No aguanto nada del resto de conductores, y para que mentir, me creo que conduzco mejor que los demás. Eso la verdad es que me hace bastante infeliz y que la experiencia al volante sea de lo más dramática.
Sin embargo he descubierto que cuando oigo a Facto Delafé todo cambia un poco. Reduzco la velocidad, me paro en los pasos de peatones, cedo el paso aunque tenga preferencia, en definitiva soy más permisivo y me relajo mucho más, disfruto más de la experiencia de la conducción.
Esto es lógico, Facto Delafé es uno de los grupos más ñoños y con letras bonitas que he escuchado en mucho tiempo. Obviando a La Casa Azul (que es mi grupo favorito) me recuerdan bastante a Pastora. Cuando escucho sus canciones es como con el primer disco de Pastora, me transporta a un lugar diferente.
Supongo que es porque ambos grupos son muy costumbristas, como una película de Almodovar, hacen letras para la vida diaria y se dejan de historias raras.
Quizás me ponga demasiado trascendental, pero no se, es lo que siento. Últimamente me fijo más en estas cosas, en las pequeñas cosas, en las tonterías, en esas cosas que vemos cada día pero que nunca miramos. Las palmeras, el cielo, los atardeceres, los bancos vacíos, los amaneceres… me siento más fuerte, más libre, mejor.
Y todo esto para recomendar un jodido grupo de música, estoy fatal. Os dejo con Enero en la playa, de Facto Delafé y las flores azules.
Y tu piel es blanca como esta mañana de enero demasiado hermosa como para ir a trabajar. Sin pestañear hablamos con el jefe un cuento chino y, como niños, nos volvemos a acostar. Se supone que debía ser fácil ¿Tienes frío? Pero a veces lo hago un poco difícil. Perdón. Suerte que tú ríes y no te enfadas porque eres más lista y menos egoísta que yo ¿Todavía tienes frío? Bueno, cierra los ojos un minuto que te llevo a un lugar.
Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es verano y luce el sol, es la costa catalana. Estamos tranquilos, como anestesiados. Después del gazpacho nos quedamos dormidos mirando el Tour de Francia en la típica etapa donde Lance gana imponiéndose al sprint con un segundo de ventaja en el último suspiro colgándose a sus hombros el maillot amarillo. De nuevo al chiringuito, un bañito, un helado de pistacho y un partido al futbolín. Lanzamos unos frisbis, jugamos a las cartas y acabamos cenando sardinas y ensalada. Bebemos, dorados. Hablamos, callados. La luna, la sal, tus labios mojados. Me entra la sed y pido una copa y España se queda en cuartos en la Eurocopa.
Pero nos da igual, hoy ganaremos el Mundial. Subimos a casa, hacemos el amor y sudamos tanto que nos deshidratamos. El tiempo se para, el aire no corre. Mosquitos volando y grillos cantando y tú a mi lado muriendo de sueño. Cansada, contenta, me pides un cuento y yo te lo cuento, más bien me lo invento. Te explico que un niño cruzó el universo montado en un burro con alas de plata buscando una estrella llamada Renata que bailaba salsa con un asteroide llamado Julián Rodríguez de Malta. Malvado, engreído, traidor y forajido. Conocido bandido en la vía láctea por vender estrellas independientes a multinacionales semiespaciales. Y te duermes…
Vivan las noches. El sol, la sal en tus labios.
Al principio, como siempre, dormimos abrazados y cuando ya suspiras me retiro a mi espacio. Me gusta dormir solo a tu lado de la cama, de esta cama ahora repleta de mantas en esta mañana fría, fría, fría, congelada, congelada.



