La historia del cliente gilipollas
Posted on Octubre 30th, 2008 in Blogs, Vida Cotidiana | 22 Comments »
Creo que esta historia no la he contado nunca por aquí, corregidme si me equivoco. Es una pequeña historia que me contó mi tío, el que vive en Estados Unidos, y que siempre que la recuerdo me hace bastante gracia. En los tiempos que corren viene muy a cuento, así que vamos al lío.
Mi tío tiene un restaurante pijillo en Florida, concretamente en la zona de Siesta Key en Sarasota. Este restaurante lo tiene desde siempre que lo recuerdo, y como aquella zona está enfocada para el gozo y disfrute de ancianos jubilados es muy habitual ver allí comiendo viejetes y antiguas glorias de la guerra que acostumbraban a acabar con la vida de los gooks.
El tema es que normalmente al restaurante acuden clientes fijos que comen allí cada fin de semana ya que les gusta el servicio y la comida que se sirve en el lugar. Sin embargo no todo el mundo está contento, y aquí es donde empieza realmente la historia.
Había un cliente que acudía cada semana a cenar al restaurante. Todas las semanas, después de terminarse toda la comida que se le servía el tipo llamaba a mi tío para decirle que la comida había sido una mierda y el servicio aún más.
Durante muchas semanas mi tío le pedía disculpas, hasta que un día acabó hasta los cojones. Un día todo ocurrió como siempre, el tipo terminó de comer y avisó a mi tío para echar el más que habitual puteo sobre el restaurante pero mi tío tenía un as en la manga.
Mi tío le invitó a la cena y le dijo que no volviera por allí jamás, ya que como nunca le gustaba la comida ni el servicio había cientos de restaurantes en la ciudad para comer y que no tenía porque volver más por allí.
El tipo finalmente no aceptó la invitación y se calló como una jodida puta. A la semana siguiente el tipo apareció de nuevo por el restaurante, esta vez, tras terminarse la cena pagó la cuenta y no dijo nada, dejó la propina pertinente y se largo de allí. A día de hoy, veinte años después, el tío sigue cenando allí cada fin de semana.
Si cuento esta historia es porque cada vez que veo a los típicos comentaristas que solo comentan para sacar punta a lo que uno dice o para insultar o faltar me acuerdo de la misma. La diferencia entre los comentaristas que dan por culo y el señor que iba al restaurante de mi tío es que el tío finalmente cerró el pico de una puta vez.
No se muy bien si es porque tienen mucho tiempo libre, por envidia, o porque tienen una disfunción cerebral, pero podrían quedarse en su casa tomando por culo.




