
Mi actual trabajo no es, evidentemente, mi primer trabajo. Sin embargo si que es mi primer trabajo en una oficina. Mi anterior trabajo, en el que aguanté estoicamente un año y medio antes de reventar, siempre estaba para arriba y para abajo con el coche, así que el tiempo que pasaba en las oficinas era mínimo. Es por eso que nunca he sabido exactamente lo que era trabajar en una oficina.
Cuando empecé a ver The Office me encantaba la serie porque aunque no tenía ni idea de si mostraba o no de una manera realista lo que era trabajar en una oficina al menos me hacía mucha gracia. Aunque a decir verdad me parecía que lo que se mostraba ahí era exagerado a la par que surrealista.
Ahora se que no, ahora se que trabajar en una oficina es a veces surrealista, hilarante, a ratos denigrante e incluso diría que interesante.
Ahora que voy a hacer tres meses desde que trabajo allí (tres meses de coger el autobús a diario, ejem), he podido identificar rápidamente a todos los personajes que podrían formar parte de The Office.
El típico jefecillo que se cree gracioso pero no lo es, el típico compañero que siempre parece que es el que más trabaja pero es un cretino sin igual, la típica que no sabes muy bien como es que está trabajando en ese puesto y un sin fin más.
Tiene gracia pero jamás pensé que terminaría jugando a los “típicos juegos de oficina”, como intentar colar una moneda en la máquina de vending desde lejos o poniendo dinero para el regalo de cumpleaños de nosequien pero que sabes que si no lo pones vas a quedar mal y la gente te va a odiar (si es que no lo hacen ya).
La verdad es que desde que trabajo aquí, The Office ha recibido mil puntos extra por la manera que tiene tan fiel de representar el día a día de una oficina.
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