Ya no
Oye, tú ya no tomas colacao, ¿no?
No, es que ya no me gusta.
¿Tú estás chalado?
Conversaciones con mi madre
Oye, tú ya no tomas colacao, ¿no?
No, es que ya no me gusta.
¿Tú estás chalado?
Conversaciones con mi madre
Reconozco que aunque no tuve la infancia más cojonuda de todos los tiempos era un niño feliz. Jamás me faltó nada y mis padres me criaron lo mejor que pudieron y supieron, y creo que les salió bien, al menos mirando lo que hay por ahí.
Reconozco que cuando era un niño y miraba al futuro jamás pensé que yo fuera a ser así, jamás quise ser así. No hablo físicamente, que tampoco, hablo de mi cabeza, de lo que se me pasa por la mente, de mis pensamientos, de mi pesimismo. Si hubiera visto mi futuro probablemente me hubiera suicidado, o al menos me hubiera apuntado a una escuela de danza clásica.
Reconozco que la vida me ha venido de frente en muchos sentidos y que sólo por el simple hecho de quejarme teniendo en cuenta las paupérrimas vidas y situaciones que tienen que vivir algunas personas Dios debería eliminarme automáticamente de la faz de la tierra, pero se ve que o no existe o está muy ocupado matando a niños africanos de hambre.
Si, soy un pesimista, siempre lo fui realmente, pero cuando era niño era feliz, convivía con el pesimismo. De hecho fui muy feliz hasta hace no mucho. No se en que momento se truncó todo de tal manera en que a mi me dio por pensar, en que me dio por ver más allá de lo que creo miran los demás. Si mis padres leyeran este blog o pudieran acceder a mis pensamientos creo que simplemente dirían “Me has defraudado”, una de las frases más demoledoras que se le puede decir a una persona.
Supongo que mis padres se sentirían culpables al ver que soy un eterno infeliz, que la vida no me da lo suficiente, al fin y al cabo pensarían que soy gilipollas. Supongo. Lo siento papa, lo siento mama, os quiero, lo habéis hecho genial, no sois vosotros, soy yo.
Yo mismo siento que me he defraudado. Es una putada, pero el hecho de preguntarte el porque de todo hace que tu vida sea un tanto insoportable. ¿Por que he perdido?, ¿Por que no puedo ser como los demás?, ¿Por que no acepto las cosas?, ¿Que tiene él que no tenga yo?, ¿Por que las cosas se acaban?, ¿Por que no puedo simplemente sobrevivir? Por que, por que y por que.
P.D: Estoy bien, de hecho estoy genial, aunque pueda parecer lo contrario.
Siempre me he considerado una persona bastante entusiasta, al menos al principio. A modo de introducción os dejo con un párrafo del que nombré mejor post de la historia (las negritas es cosa mía):
A pesar de que crees haber acabado con la mayoría de tus complejos, sigues siendo una persona frustrada. Lo peor es que no sabes por qué. Eres inteligente, eres capaz, la gente puede confiar en ti. Sobre todo eres determinado. Cuando se te mete algo entre ceja y ceja te entregas con una pasión desenfrenada, como si ese algo fuera la solución a todos tus problemas, la clave de tu existencia. Sin embargo, al cabo de un tiempo, pasado el chute inicial, la pasión se disipa y te encuentras de nuevo en el mismo lugar, las manos vacías, la mirada perdida y una sensación de desánimo de la que sólo te conseguirás librar cuando encuentres el próximo chute. Y hasta entonces lo que haces es salir a dar vueltas por tu mundo interior preguntándole a la vida qué te puede vender ahora. La vida siempre te termina vendiendo algo, pero cada vez es más caro y de peor calidad. Y te está dejando hecho una mierda.
Reconozco que al principio de algo, de lo que sea, de un día en la playa, de un nuevo videojuego, de un nuevo restaurante, todo me hace ilusión. Vivo los momentos previos con locura, deseando que llegue ya el momento de disfrutar de lo que quiera que sea, con un entusiasmo y una pasión digna de un niño de cinco años el día de reyes.
No se a que se puede deber esto, bueno, quizás si pero me da miedo aceptarlo. Supongo que es por lo mismo que dice el post y lo mismo que he confesado aquí en diversas ocasiones, el vacío. Rellenar ese vacío con cosas nuevas, cosas diferentes, cosas molonas al fin y al cabo. Algo que contar, algo nuevo que recordar, algo que me haga pensar que mi existencia no es anodina, como la de la mayoría de los mortales.
Supongo que es una manera de no aceptar que la vida, en general, es aburrida. De que la vida, la vida de verdad, la vida de la gente que anda por la calle no es interesante, no es apasionante, no da para escribir un libro y no da para contar más de cinco historias entre amigos. Yo no quiero aceptar eso, si lo aceptara significaría que estoy muerto, que estamos muertos.
Quizás sea peor esto, quizás debería aceptar desde ya que la vida no es apasionante, porque quizás cuando tenga cuarenta años sea demasiado tarde y el golpe será aún más grande y más fuerte, porque como dicen mientras más alto más dura será la caída.
Lo cierto es que no tengo nada claro, hace casi un año que volví de Barcelona y no he hecho absolutamente nada con mi vida. Puede parecer guay, pero no lo es, os lo prometo. La mayoría de la gente que conozco en mi misma situación opina lo mismo, así que no es cosa mía. Deseo con todas mis ganas encontrar un trabajo, con eso lo digo todo.
Seguiré siendo entusiasta hasta que un día no me queden fuerzas, disfrutando de todo lo nuevo, al menos, al principio.
Muchas veces me dicen lo bien que vivo, la de caprichos que me compro y tal y cual, pero lo cierto es que detrás de todo eso hay una historia, una triste historia. Me sorprende que a veces la gente me tenga envidia.
Siempre me hizo gracia eso de que decían que las mujeres, cuando están chungas, se van a comprar y se quedan nuevas. Bien, pues eso no sólo pasa con ellas, nosotros, los tíos, también lo hacemos, yo mismo lo hago.
Si, me compro una Playstation 3 y un montón de juegos, pero a la hora de la verdad no tengo con quien pasear por la calle de la mano, nadie con quien compartir una mesa para dos o que se acuerde de ti por la cara y te mande un SMS. Pero puedo jugar al GTA IV, que guay.
Está claro que, si tengo posibilidad de comprarme caprichos pues lo voy a hacer, pero aunque suene patético es para suplir mis carencias afectivas, que las tengo. Si tuviera a alguien con quien compartir la vida destinaría todo mi dinero a ello, y pasaría de tanta pollada y tanto juguete.
Todo depende de lo que le pidas a la vida, quizás otro en mi situación viviría la vida como si fuera un soltero de oro, sin importarle lo más mínimo lo que comentaba antes y disfrutando a tope. En realidad eso me produce envidia, ojalá yo mismo pudiera pensar así, pero no puedo.
La situación es un poco vacía, te compras un teléfono cojonudo y el día que te lo compras estás superféliz, pero claro, al día siguiente todo eso ya no está, te sientes igual, vacío por dentro. Con un teléfono superguay pero en realidad sin nada más.
La vida es muy triste y vacía sino tienes a nadie, también depende de como sea uno. Yo reconozco que soy débil, que no se estar solo, que necesito a los demás, a alguien especial. Soy bastante dependiente, tengo, como dice Pereza, personalidad adictiva. Es algo que no puedo remediar, el problema es que como es algo que no puedo controlar compro cosas, juguetes, camisetas, que me entretengan un rato y que me hagan olvidar, aunque sea por unos segundos lo anodina que es mi vida.
Hoy, por fin me he dado cuenta. En la vida el éxito se mide por cosas grandes.
Un coche grande, una moto grande, una casa grande, una piscina grande, una tele grande, un disco duro grande, una cartera grande, una polla grande, una ciudad grande, un iPod grande, una agenda grande, unas tetas grandes, una jeta grande…
Pues que queréis que os diga, yo no quiero hacerme grande.
- ¿Te gusta Futurama?
- No se que es eso.
- ¿Y Doraemon?
- No
- ¿No? ¿Y eso?
- Es para niños.
- Tienes siete años.
Conversaciones con un niño.
Lo reconozco no tengo iniciativa, y nunca la he tenido, así que supongo que nunca la tendré. Esa fue una de las grandes fuentes de discusiones con Julia, ella me pedía que decidiera donde ir o que hacer, y yo nunca jamás lo hacía, lo cual desembocaba en tonterías y enfados.
Nunca he sabido ni he querido tomar decisiones, no me gusta. No me gusta comprometerme y no me gusta comprometer a los demás, lo reconozco. Necesito el beneplácito de los demás para sentirme más seguro a la hora de llevar a cabo algo con iniciativa.
Odio defraudar a los demás y cuando decido una peli para ver, un sitio donde cenar, un bar donde ir me da miedo hacerlo. Prefiero conformarme con lo que elijan los demás que llegar a un sitio y que sea una mierda, por mi culpa.
Por eso mismo no tomo decisiones, o al menos lo intento. Además, las pocas veces que lo hago la suelo cagar. Por ejemplo cuando me compré el iPod Vídeo, a la semana siguiente iPods nuevos. Me decido a comprarme el iPhone y todo indica que al día siguiente de yo tenerlo saldrá uno nuevo, con un montón de nuevas features.
Se me jode el cable del portátil, decido a comprar uno y parece ser que me he equivocado y el que he pedido no es compatible con el mío. No pasa nada, el inglés que me lo ha vendido dice que lo cambia sin problemas, espero que sea verdad, sino habré perdido 41 euros ganados con el tecleo de mis dedos, y me jode.
Solo falta que ahora Sony decida no continuar con la Playstation 3, al más puro estilo Dreamcast.
Ojalá fuera un niño, no tendría que pasar por toda esta mierda, solo tendría que jugar con mis juguetes y grabar a mis compañeros de clase mientras se matan a palos.
Alexliam, haciendo el canelo desde 1983.

Yo no he sido, lo juro, aunque haya ocurrido en Málaga…
Cuando uno se encuentra un billete por la calle lo primero que piensa es “Que pringao el que lo haya perdido, hay que ser tonto para perder un billete”, lo cogemos y nos vamos tan tranquilos, aquí no ha pasado nada y nosotros somos algo más ricos.
A mi personalmente siempre me pareció imposible perder dinero, nunca había perdido un billete más allá de en mi casa, que pones el dinero en alguna parte y luego se te olvida, pero jamás en la calle. Pero claro, siempre hay una primera vez para todo, y hoy he perdido un billete de cinco euros.
Me siento gilipollas porque se perfectamente en que momento lo he perdido y donde, pero claro, cuando he vuelto ya no estaba, como es normal. Lo peor de todo es que el billete ni era mio, era de mi padre que me lo ha dado para que le hiciera un favor comprándole unas pastillas, osea que al final he tenido que hacer el favor poniendo incluso de mi dinero. Soy un desastre.
En la línea un poco de este anterior post.
Aquí si que no hay tu tía, soy el tío más vago que conozco con diferencia. No conozco a nadie que sea tan perezoso como yo, lo soy hasta limites insospechados, de una manera enfermiza. Cualquiera que me conozca lo sabe y no duda en decírmelo “Puto vago”, pero es algo que no puedo evitar.
Por ejemplo, digamos que vivo a cinco minutos del centro de Málaga en coche y diez andando. Pues gracias a mi amigo Maromo descubrí un lugar en el centro bastante secreto (peligroso y oscuro) para aparcar que está a tres minutos de mi casa. Pues desde que me lo enseñó aparco ahí sin dudar, aún a riesgo de que me maten o me destrocen el coche (no soy el único que aparca ahí de todas formas), todo por ahorrarme menos de un kilómetro de camino.
Así con todo, siempre dejo cualquier cosa para el final. Cuando mi madre me trae la ropa limpia y me la deja en mi cuarto se queda en el sillón eternamente, no la meto en el armario porque pienso “¿Para que la voy a meter si poco a poco la voy a ir sacando?”. Es trabajar para nada, y en los tiempos que corren eso no puede ser.
Siempre intento trazar un plan mental antes de ejecutar cualquier acción que requiera esfuerzo para ver las soluciones más rápidas y que requieran menos movimiento. Esta semana pasada por ejemplo tenía que ir a sacarme el carnet del paro, así que yo mismo me inventé una teoría por la cual el mejor día para ir era el miércoles.
Pensé que el lunes iría mucha gente porque después del fin de semana era lo normal, así que lunes descartado. Luego pensé que el martes tampoco porque algunas personas inteligentes creerían que el lunes habría mucha gente con lo cual el mejor día sería el martes, con lo cual también habría mucha gente. El jueves iría la gente que no querría dejarlo para el fin de semana, pero no querrían ir el viernes y que hubiera gente que tampoco quisiera dejarlo más. Y el viernes definitivamente irían todos los que quisieran quitárselo esa misma semana de encima.
Con lo cual, el día más lógico podemos pensar que es el miércoles… Al final ni fui ni nada, porque me surgió un tema personal que no pude demorar, así que hasta este miércoles no podré ir.
Pues como ese ejemplo todo, siempre busco tener el mejor plan para hacer el mínimo esfuerzo, aunque eso incluya sacrificar algunas pequeñas cosas.
Soy un puto vago.