Ayer, como muchas otras personas, disfruté (o sufrí, como se le quiera llamar) el partido que jugó España contra Italia y bueno, como todos sabéis (sino os lo digo yo) ganó España. Acto seguido del final salimos a la calle a liarla un rato como en muchas otras partes de España.
Nos recorrimos el centro buscando la fiesta y finalmente la encontramos. El Paseo del Parque, una de las calles principales de la ciudad, estaba tomada por la gente. Cientos de personas saltando, cantando, gritando, corriendo, con banderas y todo lo que se suele organizar en una victoria épica como la de ayer.
Sin embargo esto es Málaga, y aquí la fiesta dura cinco minutos justo antes de tornarse en drama y destrucción. Y no me defraudaron, así fue.
Cada coche que pasaba por la calle en la que estaba TODO el mundo era acosado por cientos de personas como si de una peli de zombies se tratara (no exagero). Le abrían las puertas, el maletero, se subían encima, le pegaban golpes con los palos de las banderas, le pegaban patadas y todo lo que unos salvajes pueden llegar a hacer.
En uno de esos asaltos mangaron un balón de maletero de un coche y eso ya fue delirante. Como quinientas personas jugando al fútbol en mitad de la calle principal de Málaga, eso nunca lo había visto en mi puta vida. Sin embargo, y como vuelvo a decir, no tardaron ni cinco minutos en volver con la destrucción. A cada coche que pasaba le hacían lo mismo de antes, pero además le metían balonazos provocando daños físicos que se podrían tildar de colaterales.
La policía permaneció impasible hasta este momento y viendo el percal aparecieron dos coches y lo que podría haber sido una fiesta guapa terminó rápidamente. A tomar por culo la celebración.
Por mucho que me duela decirlo, esto es Málaga.