Archive for the 'Reflexiones' Category

No pensamos en nada

Esta es la típica pregunta que hacen las mujeres a los hombres, sobre todo después de una relación sexual… “¿Que piensas?”. En nada, no pensamos en nada.

Dejad de preguntar ya eso por favor. En serio que no pensamos en nada coño o si, vale si pensamos en cosas, pero son cosas que realmente no querríais saber. Si lo que esperáis es encontrar una respuesta en plan “Ohhh, cuanto la amo” lo siento pero no, os amamos, si, pero no pensamos en eso la mayoría del tiempo.

Igual en lo que estamos pensando es en el moco tan grande que tenemos en la nariz y que no sabemos como sacarnos sin que os deis cuenta, o en que nos faltan veinte euros para poder comprarnos cualquier tontería, o que tu madre ha preparado lasaña y estamos deseando probarla. ¿De verás quieres saber la respuesta?

Dejadlo ya, en serio, esto no lleva a ninguna parte.

La gente va a saco

Llevo muchos años en internet, y aunque suene a vacile, creo que tengo cierta experiencia que me hacen tener una opinión más formada que la de otras personas, pero ese no es el tema.

Os quiero hablar de algo que últimamente me está tocando especialmente los cojones, el hecho de que la gente vaya a saco. Es algo que hemos hablado Hugo y yo en más de una ocasión y al llegar a casa y leer los comentarios que tenía en una entrada de Genbeta me he entristecido un poco por toda esta mierda.

Con esto de internet y de que todo es relativamente anónimo cada vez hay más gente que se cree con derecho a insultar o dar su opinión subjetiva y destructiva en cualquier lugar sin ningún tipo de consecuencia.

Osea, un tío entra aquí, me llama subnormal o hijo de la gran puta y yo no puedo hacer nada. Me tengo que joder y como mucho borrarle el comentario. Me parece muy triste la verdad. No el hecho de que quede impune sino el hecho de que una persona cualquiera no tenga los cojones suficientes para decir las cosas a la cara y se escude en un seudónimo porque sabe que no va a pasar nada.

No sólo con personas como yo, completamente anónimas, sino que las cosas son incluso más fuertes con gente famosa. Cualquiera cree que puede llamar payaso o gilipollas a Steve Ballmer y aquí no ha pasado nada. Osea, un señor que no ha hecho daño a nadie más allá de ser el responsable de la empresa de informática más importante del planeta y generar envidias debe tragarse eso por la cara. Aunque jamás lo vaya a leer.

Con este tipo de cosas me entran gana de mandar los blogs a tomar por culo y que follen a esto que llaman libertad de expresión y tal.

En pelotas y en tierra de nadie

Me gustaría hablar de una sensación un poco extraña que no todo el mundo ha vivido, es la sensación de encontrarte en bolas en mitad de la nada y sin saber muy bien que hacer. No, no hablo en el sentido estricto de las palabras, no hablo de amanecer desnudo en mitad de un pueblo y con picor en el ano, no van por ahí los tiros.

Cuando uno se echa novia con 17 años es muy normal descolgarse de los colegas. Si, se que es egoísta y que no todo el mundo ha hecho eso, pero mucha gente si. Empiezas muy joven y si la cosa va bien cada vez la pareja es más independiente del grupo, avanzan juntos, maduran juntos y viven su vida juntos. Algo muy normal realmente aunque no significa que pierdas de vista realmente a tus amigos, simplemente dejas de salir tanto con ellos y los ves esporádicamente. Ya no eres participe de las aventuras ni el protagonista de las historias, te tienes que conformar con un “No veas la que liamos, tío, te hubieras partido el culo”.

Sin embargo, puede ocurrir que con el tiempo esa relación se vaya a tomar por culo y si no fuiste capaz de mantener a tus amigos probablemente te encuentres más solo que la una, en pelotas en tierra de nadie. Es una sensación desoladora porque no sabes que hacer en esas situaciones, de repente te encuentras sin plan y hay que tener mucha cara para llamar al amigo que hace mil que no llamas para intentar engancharte de nuevo.

Es muy lógico que se te caiga la cara de vergüenza y no seas capaz de hacerlo pero si esos amigos son de verdad no les importará, de hecho ellos mismos serán los que te llamen si se enteran de que tu vida se ha ido al garete, pero aún así tus problemas no han hecho más que empezar.

Empiezas a salir por ahí, con 25 años (o la edad que sea), pero no tienes ni puta idea de lo que significa salir por ahí porque nunca lo has hecho, o al menos no de esta manera. Lo que para los demás es de lo más normal para ti es completamente nuevo y no tienes ni idea de como van las cosas. Los horarios, los sitios o simplemente la manera de actuar o de vestir.

Pero bueno, con el tiempo es muy fácil cogerle el truco y montarte en el tren, pero en el intervalo en que lo consigues lo pasas francamente mal, pero de todo se aprende. La moraleja de esta historia es que no te olvides de tus amigos, estarán ahí siempre si son de verdad, pero no por ello hay que maltratarlos.

¿Y si me voy a Madrid?

Bueno, digamos que mi vida es bastante monótona. No voy a concretar pero es aburrida a tope, exceptuando los fines de semana y algún que otro día suelto. No encuentro trabajo, al menos de algo que me guste o me llame la atención así que no es que esté especialmente ilusionado.

Hoy he mantenido una conversación con un amigo y me ha hecho dudar. Dudar con algo que yo ya llevo pensando un tiempo pero que cada día cobra un poquito más de sentido. Irme a Madrid.

La elección fácil es la de quedarme aquí, olvidar todo esto, encontrar tarde o temprano un trabajo que no sea demasiado mierda y vivir la vida que se supone que debo llevar. Es mejor de lo que parece realmente, el nivel de vida en Málaga es literalmente cojonudo y quien diga lo contrario es que no ha vivido aquí. Puedes ir en coche a cualquier sitio, hace buena temperatura, tenemos playa, todo está relativamente cerca…

Evidentemente si me fuera a Madrid tendría que desprenderme de algunas cosas. El coche fuera, la playa fuera, la buena temperatura fuera.. No la tengo todas conmigo pero aún así es una idea bastante atractiva, cambiar de aires, probar suerte…

Como bien dice mi amigo lo máximo que puedo perder es dinero puesto que a día de hoy no tengo a nadie a mi lado y quiera que no es una ventaja. Podría irme y no se, si la cosa no sale bien pues a tomar por culo, me vuelvo a casa y listo.

Yo no he vivido solo nunca así que me aterra un poco la idea, no se cocinar, no se poner la lavadora, no se planchar y ciertamente no se hacer la o con un canuto. No se hacer nada, vamos, un desastre literalmente. Por amigos o algo allí no creo que hubiera problema, conozco a gente que vive allí o que probablemente vivan allí, así que un punto extra.

No se lo que haré, probablemente me quede aquí y me olvide de esto rápidamente, pero el hecho de que me lo esté planteando ya me sorprende a mi mismo…

A la hora de la verdad…

Uno, a lo largo de su vida, va haciendo planes o cabalas en su cabeza, siempre mirando un poco al futuro. El día de mañana me compraré tal coche, viviré en tal sitio, tendré una casa con piscina, me compraré una caravana, viajaré por todo el mundo, me casaré con la mujer perfecta. Grave error.

Es muy posible que nada, o poco de eso, ocurra finalmente. Los planes que hacemos a la hora de la verdad no sirven para nada. Si algo he aprendido (no hace mucho, no os creáis) es que mirar al futuro realmente no tiene ningún sentido, no merece la pena. Hay que intentar vivir el presente, dentro de nuestras posibilidades.

Cuando somos jóvenes nos montamos nuestras películas en plan “La mujer perfecta para mi es rubia, guapísima al estilo clásico, con los ojos verdes, alta, con una sonrisa increíble, le gustará la misma música que a mi, bailar bajo la lluvia y cantar canciones pop”. Incluso nos atrevemos a dar ejemplos.

Pero a la hora de la verdad todo eso no vale una mierda. Llega un día, cuando menos te lo esperas, que alguien entra en tu vida, y lo más probable es que no se parezca en nada a eso que tú tenías pensado. No será rubia, ni si quiera será guapa para el resto de personas probablemente, los ojos los tendrá marrones como la gran mayoría de gente, no será alta y que cojones, ni si quiera tiene que sonreír. Pero dará igual.

A la hora de la verdad, cuando te quieres dar cuenta, no te has enamorado por ninguna de esas gilipolleces, lo has hecho por una mirada de reojo, por la forma en que mueve sus manos cuando está sentada, por como se le ondula el pelo cuando anda, por como se ríe, por como escribe por el messenger, por como mueve los labios cuando canta para si una canción, por como vive lo que te está explicando, por como se le iluminan los ojos cuando habla de aquel viaje, de los planes que tiene, de las cosas que va a hacer.

A la hora de la verdad, cuando te quieres dar cuenta, alguien ha entrado en tu vida, lo ha revuelto todo, te ha dejado hecho una mierda y tú te sientes estúpido pensando en que como es posible que ese alguien no se parezca en nada a lo que tú tenías pensado. Sientes incluso que te estás traicionando a ti mismo.

A la hora de la verdad no le pedimos peras al olmo y nos importa una mierda las mujeres perfectas de la tele o de las revistas, sólo nos importan las mujeres que son perfectas para nosotros, que no somos capaces de verle ningún fallo aunque para el resto sean feas, bordes, no tengan estilo o ni si quiera canten bien.

A la hora de la verdad, amigos, nos encontraremos en tierra de nadie luchando por algo que ni si quiera queríamos pero de la que irremediablemente ya no podemos ni queremos prescindir.

La graduación

Ayer asistí a la graduación de mi hermano, que acaba segundo de bachillerato este año (si Dios quiere), y paso a relatar como fue aquello y las sensaciones que me dio.

Nada más llegar localicé al marginado, al friki o como se le quiera llamar. Llevaba una camisa al estilo de las del Chiquito de la Calzada metida por dentro, y un pantalón de pinza que probablemente le había robado a su padre del armario, porque para que le quedara bien de largo debía subírselo a la altura del pecho. Estaba al lado de su madre, evidentemente, y no se mezclaba con el resto de compañeros. Me dio pena.

También localicé al grupo de molones. En ese grupo se encuentra mi hermano, rodeado de gente molona, pero incluso en este grupo existe la figura del líder. El líder iba vestido de mafioso, traje blanco, corbata negra y zapatos blancos. Incluso me pareció oír que le llamaban “Il Capo”. Este señor también me dio pena, la verdad.

Por otro lado estaba el grupo de gente que podríamos llamar Grupo Molón 2. Esta gente molaba, no nos vamos a engañar, pero no tanto. De hecho ellos creían que molaban más que los otros pero la cruda realidad era bien distinta. En el grupo uno no había ningún gordo ni ningún emo, en el grupo dos si. Esto, como todos comprenderéis baja de categoría cualquier grupo, aunque también tenían un líder molón, o al menos eso creía el. No iba de traje, llevaba un pantalón caído y unas Nike bastante chulas, pero era feo. Un líder nunca puede ser feo o terminarán derrocandolo tarde o temprano. ¿Acaso Marlon Brando era feo? o ¿Al Pacino? Vamos no me jodas.

Reconozco que durante la gala casi me echo a llorar. Me recordó mucho a mi graduación, un montón de sensaciones, situaciones y recuerdos que jamás iba a volver a vivir. Tres chicas hablaron y dijeron lo mucho que querían a sus compañeros y lo mucho que los iban a echar de menos. Triste mentira, eso no va a ocurrir, nunca.

Chicas llorando, chicos riendo, preparándose para la última noche. La noche en que todos juntos lo iban a pasar de puta madre, pero que al día siguiente nadie recordaría. La realidad es que, con el paso de los años no se van a volver a ver, ni ganas que tendrán, pero ellos estaban ilusionados ignorantes de todo esto.

También me hizo gracia ver a las parejitas típica de instituto. Todos de la manita, dándose besitos y todas esas cosas que hacen las parejas. Pero chicos, la realidad es que un día, uno de los dos querrá irse de Erasmus, o cogerá plaza en otra ciudad y bueno, al principio creeréis que la cosa funciona pero lo cierto es que al final lo mejor que os podrá pasar es dejarlo, por teléfono. Lo peor es que uno de los dos le ponga los cuernos al otro, y lo dejen por teléfono. La vida es así.

En el fondo, como ya digo, aquello me pareció bastante conmovedor, ver sus caras de ilusión sin saber que este será su último verano de verdad, que a partir de septiembre se acabó la buena vida, que a partir de ahora la vida sólo les irá cuesta abajo y cuando se quieran dar cuenta tendrán veinticinco años y todo les parecerá una mierda. Exceptuando los emo, claro, que esos se suicidarán en tres días.

Nunca quise ser así

Reconozco que aunque no tuve la infancia más cojonuda de todos los tiempos era un niño feliz. Jamás me faltó nada y mis padres me criaron lo mejor que pudieron y supieron, y creo que les salió bien, al menos mirando lo que hay por ahí.

Reconozco que cuando era un niño y miraba al futuro jamás pensé que yo fuera a ser así, jamás quise ser así. No hablo físicamente, que tampoco, hablo de mi cabeza, de lo que se me pasa por la mente, de mis pensamientos, de mi pesimismo. Si hubiera visto mi futuro probablemente me hubiera suicidado, o al menos me hubiera apuntado a una escuela de danza clásica.

Reconozco que la vida me ha venido de frente en muchos sentidos y que sólo por el simple hecho de quejarme teniendo en cuenta las paupérrimas vidas y situaciones que tienen que vivir algunas personas Dios debería eliminarme automáticamente de la faz de la tierra, pero se ve que o no existe o está muy ocupado matando a niños africanos de hambre.

Si, soy un pesimista, siempre lo fui realmente, pero cuando era niño era feliz, convivía con el pesimismo. De hecho fui muy feliz hasta hace no mucho. No se en que momento se truncó todo de tal manera en que a mi me dio por pensar, en que me dio por ver más allá de lo que creo miran los demás. Si mis padres leyeran este blog o pudieran acceder a mis pensamientos creo que simplemente dirían “Me has defraudado”, una de las frases más demoledoras que se le puede decir a una persona.

Supongo que mis padres se sentirían culpables al ver que soy un eterno infeliz, que la vida no me da lo suficiente, al fin y al cabo pensarían que soy gilipollas. Supongo. Lo siento papa, lo siento mama, os quiero, lo habéis hecho genial, no sois vosotros, soy yo.

Yo mismo siento que me he defraudado. Es una putada, pero el hecho de preguntarte el porque de todo hace que tu vida sea un tanto insoportable. ¿Por que he perdido?, ¿Por que no puedo ser como los demás?, ¿Por que no acepto las cosas?, ¿Que tiene él que no tenga yo?, ¿Por que las cosas se acaban?, ¿Por que no puedo simplemente sobrevivir? Por que, por que y por que.

P.D: Estoy bien, de hecho estoy genial, aunque pueda parecer lo contrario.

Soy un entusiasta

Siempre me he considerado una persona bastante entusiasta, al menos al principio. A modo de introducción os dejo con un párrafo del que nombré mejor post de la historia (las negritas es cosa mía):

A pesar de que crees haber acabado con la mayoría de tus complejos, sigues siendo una persona frustrada. Lo peor es que no sabes por qué. Eres inteligente, eres capaz, la gente puede confiar en ti. Sobre todo eres determinado. Cuando se te mete algo entre ceja y ceja te entregas con una pasión desenfrenada, como si ese algo fuera la solución a todos tus problemas, la clave de tu existencia. Sin embargo, al cabo de un tiempo, pasado el chute inicial, la pasión se disipa y te encuentras de nuevo en el mismo lugar, las manos vacías, la mirada perdida y una sensación de desánimo de la que sólo te conseguirás librar cuando encuentres el próximo chute. Y hasta entonces lo que haces es salir a dar vueltas por tu mundo interior preguntándole a la vida qué te puede vender ahora. La vida siempre te termina vendiendo algo, pero cada vez es más caro y de peor calidad. Y te está dejando hecho una mierda.

Reconozco que al principio de algo, de lo que sea, de un día en la playa, de un nuevo videojuego, de un nuevo restaurante, todo me hace ilusión. Vivo los momentos previos con locura, deseando que llegue ya el momento de disfrutar de lo que quiera que sea, con un entusiasmo y una pasión digna de un niño de cinco años el día de reyes.

No se a que se puede deber esto, bueno, quizás si pero me da miedo aceptarlo. Supongo que es por lo mismo que dice el post y lo mismo que he confesado aquí en diversas ocasiones, el vacío. Rellenar ese vacío con cosas nuevas, cosas diferentes, cosas molonas al fin y al cabo. Algo que contar, algo nuevo que recordar, algo que me haga pensar que mi existencia no es anodina, como la de la mayoría de los mortales.

Supongo que es una manera de no aceptar que la vida, en general, es aburrida. De que la vida, la vida de verdad, la vida de la gente que anda por la calle no es interesante, no es apasionante, no da para escribir un libro y no da para contar más de cinco historias entre amigos. Yo no quiero aceptar eso, si lo aceptara significaría que estoy muerto, que estamos muertos.

Quizás sea peor esto, quizás debería aceptar desde ya que la vida no es apasionante, porque quizás cuando tenga cuarenta años sea demasiado tarde y el golpe será aún más grande y más fuerte, porque como dicen mientras más alto más dura será la caída.

Lo cierto es que no tengo nada claro, hace casi un año que volví de Barcelona y no he hecho absolutamente nada con mi vida. Puede parecer guay, pero no lo es, os lo prometo. La mayoría de la gente que conozco en mi misma situación opina lo mismo, así que no es cosa mía. Deseo con todas mis ganas encontrar un trabajo, con eso lo digo todo.

Seguiré siendo entusiasta hasta que un día no me queden fuerzas, disfrutando de todo lo nuevo, al menos, al principio.

Supliendo carencias afectivas

Muchas veces me dicen lo bien que vivo, la de caprichos que me compro y tal y cual, pero lo cierto es que detrás de todo eso hay una historia, una triste historia. Me sorprende que a veces la gente me tenga envidia.

Siempre me hizo gracia eso de que decían que las mujeres, cuando están chungas, se van a comprar y se quedan nuevas. Bien, pues eso no sólo pasa con ellas, nosotros, los tíos, también lo hacemos, yo mismo lo hago.

Si, me compro una Playstation 3 y un montón de juegos, pero a la hora de la verdad no tengo con quien pasear por la calle de la mano, nadie con quien compartir una mesa para dos o que se acuerde de ti por la cara y te mande un SMS. Pero puedo jugar al GTA IV, que guay.

Está claro que, si tengo posibilidad de comprarme caprichos pues lo voy a hacer, pero aunque suene patético es para suplir mis carencias afectivas, que las tengo. Si tuviera a alguien con quien compartir la vida destinaría todo mi dinero a ello, y pasaría de tanta pollada y tanto juguete.

Todo depende de lo que le pidas a la vida, quizás otro en mi situación viviría la vida como si fuera un soltero de oro, sin importarle lo más mínimo lo que comentaba antes y disfrutando a tope. En realidad eso me produce envidia, ojalá yo mismo pudiera pensar así, pero no puedo.

La situación es un poco vacía, te compras un teléfono cojonudo y el día que te lo compras estás superféliz, pero claro, al día siguiente todo eso ya no está, te sientes igual, vacío por dentro. Con un teléfono superguay pero en realidad sin nada más.

La vida es muy triste y vacía sino tienes a nadie, también depende de como sea uno. Yo reconozco que soy débil, que no se estar solo, que necesito a los demás, a alguien especial. Soy bastante dependiente, tengo, como dice Pereza, personalidad adictiva. Es algo que no puedo remediar, el problema es que como es algo que no puedo controlar compro cosas, juguetes, camisetas, que me entretengan un rato y que me hagan olvidar, aunque sea por unos segundos lo anodina que es mi vida.

Facto Delafé me hace mejor persona

Menudo descubrimiento Facto Delafé.

Siempre he reconocido que cuando conduzco soy una persona muy arisca y violenta. No aguanto nada del resto de conductores, y para que mentir, me creo que conduzco mejor que los demás. Eso la verdad es que me hace bastante infeliz y que la experiencia al volante sea de lo más dramática.

Sin embargo he descubierto que cuando oigo a Facto Delafé todo cambia un poco. Reduzco la velocidad, me paro en los pasos de peatones, cedo el paso aunque tenga preferencia, en definitiva soy más permisivo y me relajo mucho más, disfruto más de la experiencia de la conducción.

Esto es lógico, Facto Delafé es uno de los grupos más ñoños y con letras bonitas que he escuchado en mucho tiempo. Obviando a La Casa Azul (que es mi grupo favorito) me recuerdan bastante a Pastora. Cuando escucho sus canciones es como con el primer disco de Pastora, me transporta a un lugar diferente.

Supongo que es porque ambos grupos son muy costumbristas, como una película de Almodovar, hacen letras para la vida diaria y se dejan de historias raras.

Quizás me ponga demasiado trascendental, pero no se, es lo que siento. Últimamente me fijo más en estas cosas, en las pequeñas cosas, en las tonterías, en esas cosas que vemos cada día pero que nunca miramos. Las palmeras, el cielo, los atardeceres, los bancos vacíos, los amaneceres… me siento más fuerte, más libre, mejor.

Y todo esto para recomendar un jodido grupo de música, estoy fatal. Os dejo con Enero en la playa, de Facto Delafé y las flores azules.

Y tu piel es blanca como esta mañana de enero demasiado hermosa como para ir a trabajar. Sin pestañear hablamos con el jefe un cuento chino y, como niños, nos volvemos a acostar. Se supone que debía ser fácil ¿Tienes frío? Pero a veces lo hago un poco difícil. Perdón. Suerte que tú ríes y no te enfadas porque eres más lista y menos egoísta que yo ¿Todavía tienes frío? Bueno, cierra los ojos un minuto que te llevo a un lugar.

Imagina una calita, yo te sirvo una clara. Es verano y luce el sol, es la costa catalana. Estamos tranquilos, como anestesiados. Después del gazpacho nos quedamos dormidos mirando el Tour de Francia en la típica etapa donde Lance gana imponiéndose al sprint con un segundo de ventaja en el último suspiro colgándose a sus hombros el maillot amarillo. De nuevo al chiringuito, un bañito, un helado de pistacho y un partido al futbolín. Lanzamos unos frisbis, jugamos a las cartas y acabamos cenando sardinas y ensalada. Bebemos, dorados. Hablamos, callados. La luna, la sal, tus labios mojados. Me entra la sed y pido una copa y España se queda en cuartos en la Eurocopa.

Pero nos da igual, hoy ganaremos el Mundial. Subimos a casa, hacemos el amor y sudamos tanto que nos deshidratamos. El tiempo se para, el aire no corre. Mosquitos volando y grillos cantando y tú a mi lado muriendo de sueño. Cansada, contenta, me pides un cuento y yo te lo cuento, más bien me lo invento. Te explico que un niño cruzó el universo montado en un burro con alas de plata buscando una estrella llamada Renata que bailaba salsa con un asteroide llamado Julián Rodríguez de Malta. Malvado, engreído, traidor y forajido. Conocido bandido en la vía láctea por vender estrellas independientes a multinacionales semiespaciales. Y te duermes…

Vivan las noches. El sol, la sal en tus labios.

Al principio, como siempre, dormimos abrazados y cuando ya suspiras me retiro a mi espacio. Me gusta dormir solo a tu lado de la cama, de esta cama ahora repleta de mantas en esta mañana fría, fría, fría, congelada, congelada.

Entradas siguientes »