Madrid 2012

by alexliam

En la vida hay decisiones difíciles de tomar. Una de ellas fue la de volvernos a Málaga desde Madrid este verano. Decidir romper con nuestra vida allí y volvernos en busca de un futuro profesional y una calidad de vida mejor no fue sencillo.

Desde que nos volvimos, en agosto, no habíamos vuelto allí hasta este fin de semana. Cuando aterrizamos en Atocha una sensación muy rara me embriagó por completo. Nunca antes había estado tanto tiempo sin visitar una ciudad que había considerado hogar.

Aparentemente Madrid seguía como siempre, no había cambiado a grandes rasgos. Sin embargo algunos pequeños detalles sí lo habían hecho y por eso mismo la sensación al estar allí era un poco extraña. Un Dunkin Cofee gigante en Gran Vía o la FNAC de Nuevos Ministerios eran cosas que no existían cuando nos vinimos. Supongo que es parecido a cuando vuelves a casa de tus padres y tu antiguo cuarto es ahora un despacho o una salita.

De Madrid guardo muchos buenos recuerdos, también algunos malos. Es importante recordar los buenos, como por ejemplo firmar por primera vez un contrato de alquiler junto a Paloma y empezar a vivir juntos, ver nevar por primera vez, estar en una sala de cine llena a reventar para ver la final de Lost o conocer en persona a M. Night Shyamalan entre otras muchas cosas.

También conviene no olvidar las malas para aprender de ellas y no caer en los mismos errores.

Madrid es una ciudad dura pero también muy agradecida, una ciudad única donde puedes hacer cosas que en otras no podrías. Cenar en Gran Vía a las dos de la mañana, cruzarte con el rodaje de una película o ver un un musical cojonudo son solo tres ejemplos. Cada uno vivirá Madrid a su manera y lo que a mi me gusta de esa ciudad no tiene que ser lo mismo que le guste a los demás.

Que sirva esto como homenaje a la ciudad en la que probablemente más cosas he aprendido en mi vida y también a todos los que, en mayor o menor medida, formasteis parte de mi vida allí.